“Entramos en el tiempo de Cuaresma con la mirada fija en el costado de Jesús. Solamente mirando a Jesús, muerto en la cruz por nosotros, se puede conocer y contemplar esta verdad fundamental: Dios es amor, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar".
“Contemplando con los ojos de la fe al Crucificado, podemos comprender a fondo qué es el pecado, qué trágica es su gravedad, y al mismo tiempo cuanto es inconmensurable la potencia del perdón y de la misericordia del Señor". Durante la Cuaresma “no debemos apartar el corazón de este misterio de profunda humanidad y de elevada espiritualidad" y sentir que “al contemplar a Cristo, al mismo tiempo somos contemplados por Él".
“Aquel a quien nosotros mismos hemos traspasado con nuestras culpas no se cansa de derramar sobre el mundo un torrente inagotable de amor misericordioso. ¡Que la humanidad comprenda que sólo de esta fuente brota la energía espiritual indispensable para construir la paz y la felicidad que el ser humano busca sin descanso!"
(Benedicto XVI)

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